El olfato, un universo para interpretar un vino…o una momia!

Expertos investigadores en momias egipcias modernizan sus técnicas para estudiar e interpretar momias… de modo similar a cómo hacemos para catar e interpretar vinos: utilizando las ancestrales y biológicas prestaciones del sentido del olfato.

El profesor Matija Strlič así lo hace. Él es coautor de una investigación de la Universidad de Liubliana y el University College de Londres (UCL) y, en un artículo publicado en el Journal of the American Chemical Society, junto a otros colegas, da noticia de un estudio realizado por ellos de nueve momias conservadas en el Museo Egipcio de El Cairo; momias que datan del Imperio Nuevo de las dinastías egipcias hasta el Imperio romano, en un período que abarca desde el 1500 a. C. hasta aproximadamente el 500 d. C. Algunas de las momias se encontraban en sarcófagos de piedra, madera o terracota, en buen estado de conservación. Lo que han pretendido es conocer productos que fueron utilizados para embalsamarlas. Los investigadores han utilizado tanto narices humanas como instrumentos científicos para investigar cómo huelen hoy las antiguas momias egipcias, y en qué medida esos olores reflejan los materiales utilizados durante el proceso de momificación. La idea, dicen, es que el olfato podría ofrecer una forma no invasiva de juzgar el estado de conservación de una momia, eliminando así la necesidad de tomar muestras de la propia momia.

Especiado, amaderado, «dulce»: parece la descripción de un vino o de un ambientador sofisticado, pero claro, la mezcla de aromas proviene de algo muy distinto: momias. Los investigadores han logrado extraer aire alrededor de cada momia, para que ocho expertos entrenados olieran cada muestra y calificarla según la intensidad de 13 tipos de olores diferentes. Aunque los aromas variaban entre las momias, en general se consideró que tenían un olor agradable. Entre otros resultados, se consideró que en siete de las nueve momias destacaba un componente «amaderado» en su olor, en seis un componente «especiado», cinco presentaban notas «dulces» y tres tenían notas «similares al incienso». También se consideró que algunas manifestaban un componente «rancio» o incluso un olor a moho.

Semejante a cómo se hace con los vinos en los laboratorios, el equipo utilizó el sistema de cromatografía de gases-espectrometría de masas-olfatometría para identificar los diferentes compuestos volátiles aislados dentro de las muestras; las moléculas responsables de los olores fueron identificadas por los expertos capacitados. Descubrieron que el aroma general de las momias no coincidía necesariamente con el esperado de las sustancias utilizadas en el momento de la momificación, lo que pone de relieve la naturaleza compleja de la percepción humana de los olores y de los olores en sí mismos. Vamos, nada nuevo que no sepamos los sumilleres, referido a los vinos.

El olfato es la forma genuina y natural, no invasiva de comprobar el estado de conservación de un vino… o de una momia. O, dicho de otra manera, el olfato ostenta el poder inusitado y el privilegio de oler el pasado, así como el transcurso del tiempo y, por supuesto, el mismísimo instante que vivimos. La sola idea de percibir y discriminar características organolépticas en un cuerpo vivo, o momificado hace milenios, o en un vino joven u otro cansado después de pasar decenios en la botella… es una experiencia apabullante.
(vinetur.com)